Diagnóstico y solución de humedades en edificios

La aparición de humedades es una de las peores patologías que se pueden presentar en un edificio. Además de encarnar un problema en sí mismas y ser causa de un IEE desfavorable, a lo largo del tiempo terminan provocando lesiones en los elementos constructivos como muros, cimentaciones, cerramientos… e incluso problemas de salubridad.

No en vano la presencia de humedad en las estancias de un edificio, más allá de un problema estético, es un factor de riesgo que contribuye a desarrollar o agravar enfermedades respiratorias y dolores articulares como recoge la OMS en sus guías de calidad del aire.

En el caso del hormigón de los edificios, por ejemplo, un ambiente de humedad excesiva provoca que el material comience a desarrollar diversas patologías que si no se detectan y tratan a tiempo y convenientemente pueden desembocar en la necesidad de ejecutar importantes acciones de saneamiento, refuerzo y rehabilitación.

Pero no sólo el hormigón sufre los efectos nocivos de la humedad. Otros elementos, en ocasiones con importancia estructural, como pueden ser la madera o los metales también aceleran su deterioro cuando sufren un ambiente con exceso de agua. Las maderas se deforman y pudren y los metales desarrollan fenómenos de oxidación y corrosión. Ambos mermando sus propiedades mecánicas con el peligro que eso conlleva.

Un diagnóstico acertado, fundamental en el tratamiento

El primer paso para comenzar el tratamiento de una humedad es efectuar un correcto diagnóstico del problema. Localizar el origen de la humedad y el problema que la causa es fundamental a la hora de tratarla. Quitando las zonas húmedas que temporalmente pueden existir en una obra nueva o un episodio de humedad accidental, pueden diferenciarse tres causas principales a la hora de clasificar una humedad.

Humedad por capilaridad

La capilaridad es una propiedad de los líquidos que depende de su tensión superficial y su cohesión y que les permite ascender o descender cuando entran en contacto con un sólido, independientemente de la fuerza de la gravedad. Ejemplos gráficos de este fenómeno son el empapado de una esponja o de un terrón de azúcar.

En el caso de los muros y tabiques de un edificio cercanos a terreno con mucha humedad o zonas inundadas el agua asciende por capilaridad hasta cierta altura. Este efecto suele presentarse en zonas inferiores de la edificación como sótanos, garajes o plantas bajas. La solución a este tipo de humedad suele pasar por realizar impermeabilizaciones con barreras físicas o químicas en las zonas afectadas.

Humedad por filtración

Se producen normalmente por un problema de impermeabilización en el encuentro de dos elementos de la construcción o por una rotura o desgaste que facilita una vía de entrada al agua del exterior. En este caso la prevención juega un papel importante ya que es interesante realizar inspecciones técnicas antes de la época de lluvias.

El remedio más habitual consiste en reparar los desperfectos y reestablecer la impermeabilización o instalar una nueva en el caso de que no existiese.

Humedad por condensación

Un ambiente excesivamente húmedo en combinación con la existencia de puentes térmicos que provocan puntos fríos en la estancia es la causa de este tipo de humedades. El agua contenida en el aire se condensa en estos puntos fríos dando lugar a manchas y desperfectos, habitualmente, en las paredes.

La humedad ambiental se soluciona mediante una ventilación correcta de la estancia, ya sea natural o forzada, que renueve el aire eliminando el exceso de humedad. Eliminar los puentes térmicos pasa por realizar un correcto aislamiento de la envolvente que además redundará en un gasto más eficiente en climatización al evitar los intercambios frío/calor con el exterior.

Hablando de humedades, un diagnóstico certero y una rápida actuación son fundamentales para que el impacto sobre la edificación sea mínimo. En Ingenieros Asesores tenemos amplia experiencia en este campo con muchos casos de éxito que nos avalan. Pregúntenos sin compromiso.