Durabilidad del hormigón

La durabilidad de una estructura de hormigón consiste en su capacidad para soportar las condiciones de trabajo para las que fue diseñada, además de resistir las condiciones físicas y químicas adicionales a las que pueda estar expuesta.

Los requisitos necesarios para alcanzar la vida útil deseada deben contemplarse ya en la fase de proyecto. Un proyecto de calidad debe considerar todos los factores que puedan disminuir la durabilidad, desde la forma estructural, la simplificación del mantenimiento o la previsión del ambiente al que va a estar expuesto el hormigón.

Existen una serie de factores externos  bien identificados que con su acción provocan una merma considerable de la vida útil de la construcción. Quizás los más determinantes sean los errores cometidos en la fase de proyecto o en la fase de ejecución de la obra. Aparte de estos dos podemos enumerar las vicisitudes que puede sufrir el material una vez finalizada la obra:

  • Cargas dinámicas o estáticas excesivas
  • Movimiento de la estructura por mal asentamiento
  • Exposición a agentes meteorológicos: Calor, frío, humedad, hielo-deshielo…
  • Exposición a agentes químicos: reacción con agentes ambientales

Esta serie de ingredientes actúa de catalizador en la aparición de grietas y fisuras en el material. Aberturas que acelerarán el desarrollo de patologías características que todo hormigón manifestará a lo largo de su vida. Detectarlas a tiempo y ejecutar un tratamiento adecuado será determinante a la hora de salvar la estructura y alargar su durabilidad.

Todo hormigón sufrirá una patología

Tarde o temprano toda estructura de hormigón desarrolla una o varias enfermedades que precipitarán el declive del material. Las patologías del hormigón son algo inherente a su ciclo de vida y sólo un diagnóstico acertado y una intervención a tiempo pueden garantizar una correcta recuperación. Las patologías de origen químico más habituales en el hormigón endurecido son:

  • Aluminosis o conversión del cemento aluminoso: Cuando se emplea en la confección del hormigón cemento aluminoso, bajo determinadas condiciones de temperatura y humedad, el aluminato se convierte a una fase químicamente más estable, proceso cuyas consecuencias principales son la bajada de la resistencia y el aumento de la porosidad, además del descenso del pH con el consiguiente riesgo de corrosión de las armaduras.
  • Ataque del ión sulfato en forma de sales complejas: Estas sales son expansivas, es decir, pueden aumentar su volumen en más de un 200%. Los síntomas de este proceso son desconchones y fracturas en las capas externas del hormigón.
  • Reacción árido-álcali: Reacción expansiva que provoca fisuras en el hormigón. Se produce cuando la disolución alcalina acumulada en los poros del hormigón reacciona con los minerales silíceos de los áridos formando un gel que en contacto con el agua aumenta de volumen.
  • Carbonatación: Se produce cuando el CO2 del ambiente reacciona con el hidróxido de calcio de la mezcla para formar carbonato de calcio. La consecuencia es la bajada del pH y la corrosión de las armaduras metálicas.

Actualmente existen infinidad de tipos de hormigón. El proyecto de construcción debe contemplar la estrategia de durabilidad más adecuada para cada situación de manera que permita garantizar un adecuado comportamiento de la estructura durante su vida útil. En Ingenieros Asesores somos expertos en patologías de la construcción y además estamos integrados en ARPHO (Asociación de Reparación Refuerzo y Protección del Hormigón). Por eso somos los más indicados para asesorarle desde la fase de proyecto y garantizar una larga vida a la edificación.