Monitorización de salud estructural en edificios

Cuando se expone la idea de implementar un sistema de monitorización en la estructura de un edificio suele asociarse con edificaciones que han sufrido algún tipo de accidente o catástrofe o que padecen algún tipo de patología.

No es un planteamiento equivocado, sin embargo la monitorización ideal comienza en la fase de ejecución de la obra integrando sensores en la estructura. De esta manera puede medirse una posible desviación sobre lo proyectado y conocer el estado final de los materiales y estado de la estructura.

También es una forma, además de las inspecciones visuales, de cumplir el requisito sobre Seguridad Estructural del CTE que consiste en asegurar que la edificación tenga un comportamiento adecuado frente a las acciones e influencias previsibles a las que pueda estar sometido durante su construcción y uso previsto.

Contar con sistemas de monitorización estructural integrados en una edificación supone aportar un valor añadido ya que la convierten en una estructura inteligente situada a la vanguardia de la construcción moderna.

Una red de sensores para un control en tiempo real

Actualmente existen sensores para poder medir todo tipo de variables que ayuden a evaluar la salud de un edificio y transmitirlas a un centro de control que genere alarmas en tiempo real en caso de detectar valores anómalos.

Algunos de los factores que resultan de mayor interés en relación al estado de salud de una estructura son:

  • Vibraciones: Ya sean de origen natural (movimientos sísmicos) o artificial (obras, explosiones) se utilizan acelerómetros de alta sensibilidad para medir su intensidad y periodicidad y valorar sus efectos a corto o largo plazo.
  • Calidad del hormigón: Existen dos sensores que se instalan en los encofrados de hormigón en el momento de ejecución de la obra y son muy útiles de cara a evitar estudios diagnósticos destructivos una vez la construcción está terminada y en su uso habitual. Uno es el extensiómetro que mide la calidad de la mezcla de hormigón durante varios años. Otro es el sensor de corrosión que permite conocer el grado y la velocidad de avance del frente de corrosión en encofrados afectados por algún tipo de patología.
  • Inclinación: Los tabiques y columnas pueden experimentar movimientos respecto a su posición original, muy difíciles de percibir a simple vista, que se detectan mediante inclinómetros de alta resolución
  • Temperatura y humedad: Cambios significativos en estos dos factores provocan y/o indican algún problema o patología.
  • Aparición de grietas, fisuras y sus alteraciones: Es muy importante detectar la aparición de grietas y fisuras para determinar su grado de importancia. Una vez aparecidas es imprescindible efectuar un seguimiento sobre su evolución. Para ello se utilizan sensores de fibra óptica, galgas y fisurómetros.

Monitorización significa prevención. Una pequeña inversión en el momento de la obra significa un ahorro muy superior en el futuro. En Ingenieros Asesores ponemos a su disposición toda nuestra experiencia en estos campos y le invitamos a que nos consulte sin compromiso.