Las estructuras de hormigón pretensado han revolucionado la ingeniería civil y la construcción al permitir la creación de elementos más ligeros y esbeltos, con una mayor capacidad de carga y resistencia a las deformaciones.
Sin embargo, estas estructuras no están exentas de problemas, especialmente cuando se encuentran en entornos agresivos o ácidos, por lo que tomar medidas preventivas y llevar a cabo un mantenimiento adecuado es de vital importancia para evitar daños graves e incluso colapsos catastróficos.
Las estructuras pretensadas hacen referencia a un tipo concreto de construcción que implica tensar cables o barras de acero de alta resistencia dentro del hormigón antes de que este fragüe.
Una vez que el hormigón ha alcanzado la resistencia necesaria se liberan los cables, transfiriendo la tensión al hormigón y generando una compresión que mejora su capacidad estructural.
Este tipo de estructuras presentan una mayor resistencia a las cargas debido a la precompresión del hormigón.
No obstante, a pesar de sus ventajas, el hormigón pretensado puede desarrollar una serie de patologías, especialmente en entornos agresivos.
Al igual que ocurre en toda estructura de hormigón, las patologías que pueden presentar las estructuras de hormigón pretensado son variadas y su manifestación más evidente y común es a través de la aparición de fisuras.
La corrosión es una de las patologías más habituales y graves en las estructuras pretensadas, especialmente cuando están expuesta a ambientes agresivos como áreas industriales con alta presencia de gases corrosivos, zonas costeras con alta salinidad o ambientes ácidos.
En estos ambientes, la porosidad del hormigón permite la penetración del agua o los agentes ácidos a la estructura -bien por infiltración, bien por proximidad- atacando al acero y acelerando la corrosión.

Esto puede traer como consecuencia una reducción de la sección transversal efectiva de los cables, reduciendo su capacidad de carga, y una degradación que compromete las propiedades mecánicas que afecta a la integridad estructural.
Las fisuras resultan una de las manifestaciones más frecuentes de la existencia de patologías tanto en las estructuras de hormigón armado como de hormigón pretensado.
Estas fisuras pueden originarse por diversos motivos, como la contracción por secado, las cargas excesivas o la corrosión interna de los cables.
Las principales consecuencias de la fisuración es que permiten la entrada de agua y agentes corrosivos, agravando el daño en los cables; también comprometen la capacidad del hormigón para resistir cargas, aumentando el riesgo de colapso.

Una particularidad de las estructuras de hormigón pretensado respecto al hormigón armado es que, en el caso de las primeras, la acción del pretensado tiende a mantener las fisuras cerradas una vez que la causa original ha desaparecido, lo que dificulta las inspecciones visuales para un primer diagnóstico.
En los entornos ácidos, la presencia de agentes químicos disueltos en agua (bien sea en estado líquido o gaseoso) puede atacar directamente al hormigón, deteriorando su estructura y reduciendo su durabilidad.
Estos químicos pueden reaccionar con los componentes del hormigón, generando bien productos expansivos, bien disoluciones en la matriz del material que causan tanto fisuras como desintegración del material exponiendo los cables de pretensado al ambiente corrosivo.

Las estructuras pretensadas suponen una solución avanzada y eficiente en la ingeniería civil, ofreciendo numerosas ventajas en términos de resistencia y diseño. No obstante, su exposición a entornos agresivos puede causar patologías graves que comprometan su integridad y seguridad.
La implementación de un plan de mantenimiento que cuente con un buen mantenimiento preventivo es crucial para prolongar la vida útil de estas estructuras y evitar colapsos catastróficos.
Las inspecciones regulares permiten detectar problemas en etapas tempranas antes de que se conviertan en patologías más graves.
Mediante la revisión visual se pueden detectar fisuras, manchas de óxido y otros signos visibles del deterioro, pero es importante incluir ensayos no destructivos que permitan evaluar el estado de los cables de acero y otros defectos internos ocasionados por la corrosión, el estrés de los materiales, las vibraciones o las condiciones ambientales, entre otras.
Además, la monitorización continua de las estructuras permite la detección temprana de señales de deterioro, como tensión en los cables de pretensado o fisuras en el hormigón, de forma que se puedan planificar y ejecutar intervenciones preventivas antes de que los daños se agraven, evitando reparaciones costosas y riesgos de colapso.
De esta forma se pueden destinar los recursos a aquellas reparaciones o reemplazos donde realmente es necesario, disminuyendo así los costes asociados.
En Ingenieros Asesores tenemos una amplia experiencia en la inspección y control de todo tipo de estructuras de hormigón pretensado, contando con un equipo de inspectores cualificados y todos los medios necesarios para realizar inspecciones visuales y ensayos no destructivos que faciliten la detección temprana de patologías.