Carbonatación: Un ataque a la durabilidad del hormigón

Habitualmente se califica el proceso de carbonatación del hormigón como una patología que puede llegar a afectar a las estructuras en las que este material está presente. Sin embargo esta conceptualización puede llevar a equívoco ya que en realidad es un proceso natural que a lo largo de la vida de la estructura puede agravarse con ayuda de otros factores convirtiéndose, esta vez sí, en una patología que pueda llegar a requerir un proyecto de ingeniería de rehabilitación para evitar males mayores.

Pero ¿en qué consiste realmente el fenómeno de la carbonatación? Para explicarlo hay que recordar que una de las cualidades del hormigón es que los hidróxidos de calcio, sodio y potasio disueltos en la pasta de cemento propician un pH alto (básico) que proporciona una capa de protección pasiva o pasivación del acero frente a la corrosión.

Pero como el hormigón es un material de naturaleza porosa el proceso de carbonatación comienza al filtrarse al interior el CO2 de la atmósfera acompañado de humedad. Es entonces cuando los hidróxidos se combinan con el carbono y el pH baja a niveles inferiores de 9 convirtiendo el medio en ácido, eliminando la protección pasiva de las armaduras y favoreciendo el proceso de oxidación.

Cuantas más vías de penetración de humedad y oxígeno tengamos en el hormigón (porosidad, fisuras, grietas…) más rápida e intensa será la oxidación del metal. El problema de la corrosión de las armaduras es que al hacerlo aumentan su volumen originando tensiones que pueden producir la fisuración y el posterior desprendimiento del recubrimiento de hormigón de la estructura.

En resumen, si no se aplican medidas correctivas que frenen el proceso de carbonatación el desenlace será la lenta descomposición de la estructura de hormigón con el consiguiente peligro de desprendimientos y colapso del conjunto de la edificación.

Inspecciones técnicas, la mejor prevención

La detección precoz del proceso de carbonatación es esencial para controlar y solucionar el problema de la manera más rápida y eficaz posible. Por ello es básico contar con un plan de mantenimiento del parque estructural que cuente con un programa de inspecciones técnicas periódicas que localicen el problema y permitan diseñar e implementar la mejor solución.

Como acciones preventivas pueden aplicarse medidas sobre los factores que motivan la corrosión de las armaduras como la bajada del pH del recubrimiento, el oxígeno y la humedad. Los tratamientos que más comúnmente se utilizan antes de que la corrosión se haya iniciado son:

  • Inhibidores de corrosión que cumplan las características y requisitos necesarios para ser usados como aditivo en la pasta cementícea.
  • Pinturas anticarbonatación que evitan el descenso progresivo de la alcalinidad del hormigón. Algunas incluyen propiedades tapa poros o de puenteo de fisuras.
  • Tratamientos hidrófugos que aumentan la impermeabilidad del recubrimiento.
  • Realcalinización y extracción de cloruros que aumentan la durabilidad del hormigón volviendo a elevar el pH, aunque su efecto no es ni mucho menos permanente.

En el caso de que las armaduras ya hayan iniciado el proceso de oxidación el estudio ha de ser más intenso y dependiendo del grado de afectación deberán tomarse medidas como los saneamientos localizados, el refuerzo de la estructura o la demolición en el peor de los casos.

El trabajo de prevención, diagnóstico y resolución de problemas es una labor técnica que requiere experiencia, capacitación y profesionalidad. En Ingenieros Asesores somos especialistas en el campo de las patologías de la construcción y estamos integrados en ARPHO (Asociación de Reparación Refuerzo y Protección del Hormigón). Contacte con nosotros sin compromiso.

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