Hormigón reforzado con fibras

Indiscutiblemente el hormigón es uno de los componentes más utilizados en la construcción a lo largo y ancho del mundo. Para adaptarlo a esa enorme variedad de aplicaciones y condiciones ambientales se emplean diferentes aditivos que le confieren propiedades que mejoren su resistencia y durabilidad en cada caso.

Diferencias en los áridos, proporciones de la mezcla o la adición de elementos como fibras consiguen productos finales con notables diferencias de peso, resistencia o incluso propiedades antibacterianas.

Incorporar fibras a la mezcla de hormigón da lugar a un producto final más homogéneo con mayor resistencia en esfuerzos a tracción y mejores propiedades frente a la fatiga. Las fibras son elementos de corta longitud y pequeña sección a modo de “pelos”.  Suele medirse la dosificación de éstas en la mezcla en kilogramos por metro cúbico (kg/m³) y su morfología atendiendo a longitud, diámetro efectivo, esbeltez y resistencia a la tracción en newton por milímetro cuadrado (N/mm²).

Fibras de acero, vidrio o poliméricas

En función de las propiedades finales buscadas en el hormigón que se va a utilizar debe escogerse el material de las fibras que se van a incorporar en él. Los tres tipos de fibras más utilizadas para reforzar el hormigón son las de acero, polímero o vidrio:

  • Fibras de acero:

Se utilizan de diversos tamaños y formas en función de las cuales varían las características finales de la mezcla. Forman una armadura muy efectiva aumentando notablemente la tenacidad, la resistencia a la flexotracción y los impactos, reducen las deformaciones frente a cargas mantenidas y, en definitiva, se incrementa la durabilidad del compuesto. Cabe reseñar que este tipo de hormigón precisa de una especial atención en la dosificación y amasado, de lo contrario no sólo no se conseguirían las propiedades deseadas si no que el resultado final carecería de la efectividad del refuerzo además de padecer de otras patologías.

  • Fibras poliméricas:

Pueden ser polímeros como aramida, nylon, polipropileno, polietileno, poliéster… Dotan al hormigón de una resistencia especial frente a impactos y un buen comportamiento frente al fuego. Sin embargo son muy deformables (cuentan con un bajo módulo de elasticidad) y tienen una pobre adherencia con el mortero, con lo que la resistencia a flexión del hormigón no aumenta significativamente y las deformaciones una vez que se fisura pueden ser importantes.

  • Fibras de vidrio:

En este caso las fibras deben de tener propiedades álcali-resistentes, de otro modo se deteriorarían al entrar en contacto con los álcalis del cemento. Destacan por su alta resistencia a tracción y un módulo de elasticidad aceptable. De nuevo un correcto amasado es fundamental y suelen utilizarse aditivos que lo facilitan.

Hablando de hormigón es vital que la ejecución de la obra sea lo más cuidada posible, poniendo especial atención en la dosificación de la mezcla, el amasado, la compactación… por ello contar con una empresa con experiencia e integrada en ARPHO como Ingenieros Asesores se convierte en una garantía de éxito.

 

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