Patologías en fachadas

Como si de una piel se tratase, la fachada envuelve la estructura de un edificio junto con la cubierta y constituye la primera barrera de protección frente a los agentes externos.

Una fachada juega también un papel importante en el balance energético del edificio. En función de su diseño y construcción favorece a que el edificio cuente con una buena envolvente térmica o por el contrario puede sufrir de defectos que desencadenen patologías como los puentes térmicos.

Como elemento importante de la edificación, la ITE (Inspección Técnica de Edificios) le reserva un examen pormenorizado en uno de sus epígrafes. Un cerramiento con deficiencias es causa de obtener una ITE desfavorable además de representar un problema de seguridad pública y acelerar la degradación de la construcción en su totalidad.

Si no existe un programa de control y mantenimiento adecuado la aparición de una o varias patologías que no se traten en tiempo y forma darán lugar a una lesión en la fachada que puede obligar a ejecutar una costosa rehabilitación.

Problemas más habituales y niveles de riesgo

Diagnosticar la patología o conjunto de patologías que desencadenan la lesión de una fachada es un procedimiento particular para cada edificio que requiere un análisis pormenorizado y adaptado a cada situación. Sin embargo pueden enumerarse las más comunes:

  • Degradación de materiales: Elementos como la polución, la humedad, la radiación solar, inclemencias meteorológicas… provocan que los materiales de los que se compone la construcción se vayan descomponiendo provocando roturas, desconches, exfoliaciones, disgregaciones…
  • Grietas y fisuras: Asentamientos, deformaciones, flechas y/o dilataciones excesivas, ejecución incorrecta de la obra… suponen la aparición de aberturas que por un lado aceleran la degradación del edificio y por otro suponen un problema de seguridad estructural
  • Humedades: Suelen desencadenarse por culpa de una patología anterior y facilitan que la humedad penetre en la estructura del edificio. Normalmente provoca la erosión de pinturas, oxidación y corrosión de metales y acelera el proceso de carbonatación del hormigón.

A su vez pueden diferenciarse tres grados de riesgo para clasificar las lesiones de las que padece una fachada.

  • Primer grado: La lesión alcanza únicamente el nivel estético, por tanto no resulta peligroso y puede corregirse fácilmente con un mantenimiento preventivo.
  • Segundo grado: Son lesiones que no constituyen un riesgo importante para la estabilidad estructural del edificio pero sí afectan a la salubridad y funcionalidad de la edificación. Requieren una intervención correctiva y una rehabilitación.
  • Tercer grado: Las lesiones suponen un peligro inminente tanto para la estructura del edificio como para las personas. Requiere una intervención de rehabilitación urgente.

En Ingenieros Asesores somos especialistas en el diagnóstico y tratamiento de patologías de la construcción que de otro modo desembocarían en lesiones graves del edificio y una ITE Desfavorable. Consúltenos sin compromiso y encontraremos la opción que mejor se ajuste a sus necesidades.