Edificios eficientes contra el frío

En 2012 la Unión Europea definió la directiva 2012/27/UE que implementaba una estrategia común de control y eficiencia del gasto energético para reducir su dependencia exterior. De esta directiva se desprenden objetivos fundamentales como reducir en 2020 un 20% el gasto energético total de los países de la Unión en relación a cifras de 1990, así como que los edificios públicos presenten un consumo energético nulo.

Uno de los pasos enmarcados en esta normativa fija para 2017 el fin de los sistemas de calefacción central en los edificios residenciales. Sin embargo en España esta meta dista aún de convertirse en una realidad dentro del plazo fijado. El retraso se debe a diversos motivos, siendo la situación política durante el año 2016 uno de los más determinantes.

Por ello la Comisión Europea ya ha enviado a España un requerimiento para que vele por la correcta trasposición de la directiva mencionada anteriormente. Esto conlleva la aplicación de posibles sanciones si no se cumplen las obligaciones correspondientes en el plazo fijado.

Las claves de una calefacción eficiente

Evidentemente los sistemas de calefacción central van en contra de toda estrategia de eficiencia energética. Por ello deben modificarse para conseguir una individualización de la calefacción a cada piso. Existen dos tipos de calefacción central: anillo y columna. En el caso de la distribución en anillo la transformación es algo más sencilla y por tanto menos costosa que si la distribución es en columna.

Este tipo de sistemas de calefacción suelen ser muy antiguos, por lo que la fuente de energía con la que cuentan es habitual que tampoco cumpla los estándares de eficiencia y ecología actuales. Por consiguiente cambiar la fuente de energía por otra más moderna, como por ejemplo a base de gas natural o biomasa, es otro paso fundamental.

Igualmente importante a la eficiencia en la generación del calor es la capacidad de retenerlo dentro de la casa. De este aspecto se ocupa la envolvente térmica del edificio. Hablando en términos coloquiales de lo que se trata es que la edificación cuente con un buen aislamiento de manera que se comporte como un termo. De esta manera no sólo se consigue retener el calor en invierno sino que también ayuda a mantener el frío en verano, con lo que puede reducirse el gasto en calefacción o en aire acondicionado en al menos un 30%.

Podemos hablar de tres actuaciones principales a la hora de mejorar el aislamiento de una fachada:

  • Trasdosado interior
  • Inyección de aislante en cámaras de aire
  • Revestimiento exterior

Sin duda la opción más efectiva es la del revestimiento exterior en forma de fachada ventilada. Esta solución elimina puentes térmicos y garantiza un resultado sobresaliente frente a frío y calor. Tampoco hay que perder de vista que para lograr una eficiencia energética completa de la envolvente las ventanas y huecos han de tenerse en cuenta. Existen buenas soluciones tanto en vidrios como en carpinterías que complementen las interesantes cualidades de una fachada ventilada.

En definitiva, como se desprende de lo anterior y en el contexto de un proyecto de ahorro y eficiencia energética, no existe una solución única para conseguir un edificio adaptado a las nuevas directrices del horizonte 2020. En Ingenieros Asesores podemos realizar un análisis todas estas variables y así encontrar la actuación óptima para cada caso.

También le puede interesar...