Control y mantenimiento de puentes

Las redes de carreteras y ferrocarriles de un país pasan por ser unas de las infraestructuras estratégicas que deben mantenerse en buenas condiciones para garantizar el correcto funcionamiento de las comunicaciones terrestres. En España estos dos tipos de infraestructuras suman un total de casi 200000 kilómetros, de los cuales más de 1100 kilómetros corresponden a unas de sus partes más sensibles: los puentes y viaductos.

El verdadero impulso a esta red se desarrolla a partir del siglo XIX, buscando rehabilitar las infraestructuras existentes y construir otras nuevas, utilizando para los puentes y viaductos el hormigón armado principalmente, en sus diferentes modalidades. Por tanto salta a la vista que muchas de estas construcciones acumulan ya una considerable cantidad de años en servicio con lo que es necesario llevar un control de su estado que garantice ante todo la seguridad de los usuarios. Todo material tiene una durabilidad y vida útil determinada, incluso el hormigón armado que con el paso del tiempo tiende a desarrollar patologías como la carbonatación.

Atajar las patologías y deterioro que sufren estas estructuras de cierta edad lo antes posible es determinante para su conservación. De llegar a situaciones de degradación demasiado avanzadas los costes de actuación se disparan en exceso, siendo incluso en ocasiones más adecuado efectuar una demolición y posteriormente una nueva edificación.

Monitorización e inspecciones técnicas

La manera de garantizar la durabilidad del material y la estructura pasa por contar con un plan de mantenimiento en el que se recoja, entre otras cosas, una política de inspecciones técnicas que presten especial atención a señales de patologías incipientes que denoten daños o defectos. En el caso concreto de los puentes el material más utilizado es el hormigón y en algunos diseños se cuenta también con puntos críticos como los tirantes, por tanto las inspecciones deberán adaptarse a las particularidades de éstos. Algunas señales a las que se debe prestar especial atención son:

  • Desconchados, fisuras y grietas.
  • Señales de óxido y corrosión.
  • Desprendimiento del revestimiento en pilares, vigas y forjados.
  • Pérdida de horizontalidad en vigas y forjados.
  • Pérdida de verticalidad o desplome de pilares.
  • Degradación o rotura de los tirantes o sus anclajes.

Sin embargo más allá de inspecciones organolépticas, con ayuda de drones o con ensayos no destructivos una opción muy interesante es la posibilidad de implementar un sistema de monitorización en tiempo real. Mediante la instalación de sensores en puntos estratégicos de la estructura (acelerómetros, sensores de desplazamiento, sensores meteorológicos) puede tenerse un control total sobre el estado de la construcción, particularmente de sus secciones clave.

Adicionalmente dentro del plan de mantenimiento debe existir un programa de mantenimientos preventivos rutinarios que lleven a cabo tareas de poca complejidad como:

  • Limpieza
  • Eliminación de vegetación
  • Repintados
  • Tratamientos superficiales para mejorar la conservación de los materiales
  • Limpieza de desagües

Cuando es detectado algún tipo de problema debe planificarse una intervención de mayor entidad, es decir, un mantenimiento correctivo que efectúe tareas de reparación y corrija roturas, fisuras, fallos en las cimentaciones, refuerzos estructurales…

En Ingenieros Asesores somos expertos en patologías de la construcción, programas de mantenimiento y además estamos integrados en ARPHO (Asociación de Reparación Refuerzo y Protección del Hormigón). Consúltenos sin compromiso.

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