El clima, el terreno y la tradición minera hacen de Asturias un entorno incomparable; pero estos factores también establecen un marco de vulnerabilidad para las edificaciones y estructuras de la región.
Las patologías más frecuentes en los edificios de Asturias son las humedades (bien por filtración, condensación y/o capilaridad), las fisuras y grietas por movimientos del terreno, la corrosión de armaduras y perfiles metálicos, la pudrición de la madera estructural y la acumulación de gas radón.
Ninguna de estas es exclusiva de la región, pero en Asturias confluyen cuatro factores que las agravan: un clima oceánico con cerca de 1.000 mm de lluvia al año y humedad relativa media del 78%, un parque residencial que se encuentra entre los más antiguos de España, una geología de laderas inestables y antiguos huecos mineros y una franja costera e industrial que acelera la corrosión.
En Ingenieros Asesores llevamos décadas inspeccionando, diagnosticando y monitorizando edificios en el Principado, y en este artículo explicamos cada patología desde sus causas regionales, proponiendo cómo controlarla con sistemas de monitorización.
Este texto complementa nuestras guías generales sobre las patologías más comunes en edificaciones y sobre cómo identificar daños estructurales en un edificio, centrándonos aquí en lo que hace diferente a Asturias.
Es sabido por todos que Asturias es sinónimo de humedad y lluvia. Esto queda patente en la serie climática 1981-2010 del observatorio de Oviedo, que registró valores de 960 mm de precipitación anual, una humedad relativa media del 78%, 122 días al año con lluvia igual o superior a 1 mm y casi 98 días de niebla, mientras que en el aeropuerto de Asturias (Castrillón) la precipitación sube a 1.062 mm con 128 días de lluvia apreciable (AEMET, valores normales Aeropuerto de Asturias).
A efectos del Código Técnico, todo esto se traduce a que la mayor parte del Principado se encuadra en la zona pluviométrica II (1.000 – 2.000 mm), lo que, combinado con el grado de exposición al viento, determina el grado de impermeabilidad exigible a las fachadas según las tablas 2.5 y 2.6 del DB-HS1 (CTE DB-HS).
La realidad es que muchos edificios anteriores a 1980 se construyeron sin seguir estos criterios y con cerramientos que a día de hoy no cumplirían con la normativa.
La edad media de los edificios asturianos, según datos catastrales, se sitúa en 1977, con valores más antiguos en las ciudades de la cuenca minera e industrial: Gijón 1973, Avilés 1971, Langreo 1968 y Mieres 1960, frente a Oviedo en 1984 (La Voz de Asturias, 2021); además, el Censo de 2021 contabiliza 100.646 viviendas vacías (15% del parque), con concejos como Bimenes, Belmonte o Somiedo por encima del 50%.
Si sumamos lo antiguo de los edificios junto con un gran número de viviendas vacías que no se ventilan, no se calientan y no entra nadie para detectar una gotera a tiempo, se crea el escenario ideal para que una lesión menor se convierta en un daño estructural.
Asturias es un territorio de laderas, valles encajados y roca fracturada. La base de datos BAPA de la Universidad de Oviedo ha documentado unos 3.000 movimientos de ladera desde el año 1980 y concluye que toda la región, por sus características climáticas y geológicas, se ve continuamente afectada por fenómenos de inestabilidad de laderas (argayos o fanas), con especial desestabilización en las cuencas carboníferas.
A ello se suma más de un siglo de minería subterránea bajo núcleos habitados y una franja litoral e industrial en la que la corrosión atmosférica de las categorías más severas de la norma ISO 9223 – Corrosión de metales y aleaciones es la regla y no la excepción.

La humedad es, con diferencia, la lesión más habitual en la edificación asturiana. Distinguimos tres mecanismos, los cuales ya tratamos en profundidad en nuestra guía sobre humedades en edificios:
Las consecuencias de la humedad van más allá de la estética: pérdida de aislamiento, desprendimiento de revestimientos, corrosión de armaduras y pudrición de madera, tal y como explicamos en el artículo de daños estructurales por humedades. De hecho, en agosto de 2025 se produjo el hundimiento de un forjado en un edificio de la calle Siero de Mieres, atribuido a la falta de mantenimiento y humedades, lo que obligó a desalojar a los vecinos según informó la RTPA.
Propuesta de monitorización: una red de sensores higrotérmicos inalámbricos instalados en las estancias críticas (esquinas de fachada norte, bajo cubierta, planta baja…) y sondas de humedad embebidas en el cerramiento permiten registrar temperatura, humedad relativa y punto de rocío de forma continua. Cruzando esos datos con los de la estación meteorológica más cercana, se distingue en semanas si el problema es de filtración (picos tras episodios de lluvia), de condensación (superficies por debajo del punto de rocío en noches frías) o de capilaridad (humedad estable independientemente del clima). El sistema se completa con termografía periódica, cuya utilidad describimos en este artículo de estudios termográficos, y con alertas automáticas cuando se superen los umbrales establecidos.

En Asturias, una parte relevante de las grietas estructurales se origina en el terreno: rellenos antrópicos en fondos de valle, arcillas de alteración en laderas, niveles freáticos oscilantes y excavaciones en áreas próximas. Las señales que deben alertar a un propietario son grietas que se reabren tras repararlas, puertas y ventanas que dejan de encajar, chimeneas inclinadas, soleras que se separan de los muros, aceras o muros anexos que se curvan o vuelcan y crujidos en la estructura.
Para saber cómo clasificar una grieta según su forma, orientación y evolución, revisa esta publicación acerca de tipos de grietas en edificios y esta otra para saber cuáles son las grietas estructurales peligrosas.
No obstante hay una pregunta decisiva que no se puede responder con una inspección puntual: ¿la grieta está viva?
Propuesta de monitorización: el uso de fisurómetros digitales con registro continuo de apertura e inclinómetros biaxiales en muros y pilares permiten obtener la velocidad de apertura en mm/mes, su correlación con la lluvia o con la temperatura (las fisuras térmicas respiran a diario mientras que las de asiento avanzan de forma monótona), así como una alerta temprana si la velocidad se acelera.
Es la misma metodología que aplicamos en la monitorización de la grieta de la puerta de Alcalá.

Argayos e inestabilidad de laderas
«Argayo» es la palabra asturiana que se refiere al deslizamiento de una ladera. Este fenómeno ocurre de forma frecuente, habiéndose registrado alrededor de 3.000 incidentes desde 1980. De hecho, el Principado de Asturias ejecutó 156 obras de estabilización entre 2019 y noviembre de 2024, 106 de ellas de emergencia, y está desarrollando un mapa de prevención integrado en el Sistema de Información Geográfica del Principado (SITPA) junto con sistemas de sensorización de taludes (La Voz de Asturias, 2025).
Los efectos de los argayos sobre la edificación son directos, y es que las laderas con pendientes superiores a 10-15 grados, los suelos limo-arcillosos y los taludes con deslizamientos previos son los escenarios de mayor riesgo.
Propuesta de monitorización: para edificios situados a pie o en cabecera de ladera proponemos inclinómetros en el terreno y en la estructura, extensómetros de hilo entre puntos fijos a ambos lados de la grieta de tracción, piezómetros para el nivel freático y un pluviómetro local. La clave es la correlación lluvia-desplazamiento: los umbrales de alerta se fijan por intensidad acumulada de precipitación, no solo por movimiento absoluto. Estos sistemas, que también implantamos en infraestructuras lineales, los describimos en el artículo acerca de cómo medir vibraciones y desplazamientos en estructuras.

Subsidencia minera y huecos subterráneos
La Cuenca Central Asturiana y el suroccidente conviven con siglos de minería. Cuando las galerías y talleres abandonados colapsan, el terreno se asienta de forma diferencial y transmite a los edificios un patrón de daños muy característico: grietas inclinadas a 45 grados, pavimentos abombados, puertas descuadradas y fracturas en sillería.
El fenómeno no es nuevo: el IGME documentó en 1969 daños en unas 24 casas de Caravia la Alta por hundimientos y «solapados» kársticos ligados a la explotación de la fluorita y los archivos históricos conservan expedientes de daños en Ablaña entre 1951 y 1969. La inundación de las minas tras el cierre, además, modifica el régimen de acuíferos y genera aguas ácidas agresivas, lo que afecta a cimentaciones y muros enterrados.
Propuesta de monitorización: ya que la subsidencia es lenta y silenciosa, solo la medición continua permite demostrarla y atribuirla. Desde Ingenieros Asesores proponemos nivelación de precisión periódica de puntos fijos en la cimentación, inclinómetros de alta resolución en la estructura, fisurómetros en las grietas diagonales y, cuando el edificio lo justifica, acelerómetros para detectar colapsos súbitos de huecos.
Buena parte de los edificios asturianos construidos entre los 50 y 80 tienen estructura de hormigón armado y forjados con viguetas prefabricadas. Esto implica que tres procesos comprometen su durabilidad:
Propuesta de monitorización: tras la inspección inicial para determinar la profundidad de carbonatación con fenolftaleína, el contenido de cloruros, medir recubrimientos con pachómetro y realizar ensayos de aluminosis, instalamos sensores de humedad y temperatura embebidos en el hormigón para estimar el tiempo de humectación, sondas de potencial de corrosión o de resistividad en los elementos más expuestos y fisurómetros en las fisuras longitudinales que delatan la expansión del óxido. En forjados con sospecha de aluminosis, la monitorización de la flecha mediante láser o sensores de desplazamiento permite seguir la deformación diferida sin esperar a la próxima inspección.

Los cascos históricos y el medio rural asturiano conservan miles de edificios con forjados, cubiertas y entramados de madera, así como los icónicos hórreos y paneras. La humedad de la madera es la variable que gobierna su deterioro: los hongos de pudrición necesitan contenidos de humedad superiores al 20% para desarrollarse, umbral que se alcanza con facilidad en cabezas de vigas empotradas en muros húmedos o bajo cubiertas con filtraciones. Todo esto sin contar los insectos xilófagos como la carcoma y las termitas subterráneas.
Propuesta de monitorización: el empleo de sondas de humedad de madera por resistencia eléctrica clavadas en las cabezas de viga y en los pares de cubierta, con alarma al superar el 18-20%, sensores higrotérmicos del ambiente bajo cubierta y, en piezas de gran luz, medición de flecha. En edificios patrimoniales, esta instrumentación forma parte de lo que denominamos monitorización patrimonial.

El radón no daña la estructura, pero sí a quien la habita. Es por ello que su control es hoy una exigencia del Código Técnico y de la normativa laboral. El Apéndice B del DB-HS6 clasifica 49 de los 78 concejos asturianos en zonas de riesgo: 38 en zona I, entre ellos Oviedo, Gijón, Mieres, Siero, Llanera y Castrillón, y 11 en la zona II, la de mayor potencial, que corresponde al occidente: Allande, Amieva, Boal, Coaña, Cudillero, Muros del Nalón, Navia, Ponga, Tineo, Valdés y Yernes y Tameza (La Voz de Asturias, 2024).
De hecho, la instrucción IS-47 del Consejo de Seguridad Nuclear, publicada en el BOE en 2025, obliga a medir en los lugares de trabajo situados en planta baja o en bajo rasante de los municipios de actuación prioritaria; en el caso de Asturias esto se traduce en 11 concejos de zona II afectados.
El radón entra en el edificio por fisuras de la solera, juntas, pasos de instalaciones y muros enterrados sin barrera. Es, por tanto, una patología del edificio y muchas de las soluciones (sellado de grietas, barreras, despresurización del terreno, ventilación…) son intervenciones descritas en la Guía del IETcc-CSIC de rehabilitación frente al radón.
Propuesta de monitorización: instalación de monitores continuos de radón en plantas bajas y sótanos, integrados en la misma plataforma que los sensores higrotérmicos, durante un mínimo de tres meses y preferentemente en el periodo octubre-mayo, tal y como recomienda la práctica establecida. La medición continua, a diferencia del detector pasivo, permite además verificar la eficacia de la ventilación o de la despresurización tras la obra y cumplir con la trazabilidad que exige la IS-47.

| Patología asturiana | Parámetro a controlar | Sensor propuesto | Riesgo que se controla |
|---|---|---|---|
| Humedades de filtración y condensación | Temperatura, humedad relativa, punto de rocío, humedad del material | Sensores higrotérmicos, sondas de humedad embebidas, termografía periódica | Moho, pérdida de aislamiento, corrosión y pudrición asociadas |
| Grietas y asientos diferenciales | Apertura de fisura, giro, cota | Fisurómetros digitales, inclinómetros biaxiales, nivelación de precisión | Progresión de la grieta, pérdida de estabilidad |
| Argayos y laderas | Desplazamiento del terreno, nivel freático, lluvia | Inclinómetros en terreno y estructura, extensómetros, piezómetros, pluviómetro | Deslizamiento que afecte a cimentación o accesos |
| Subsidencia minera | Asiento, giro, vibración | Nivelación topográfica, inclinómetros, acelerómetros, fisurómetros | Asientos diferenciales, colapso súbito de huecos |
| Hormigón (carbonatación, cloruros, aluminosis) | Humedad interna, potencial o resistividad, fisuración, flecha | Sondas embebidas, sensores de corrosión, fisurómetros, láser de flecha | Corrosión de armaduras, pérdida de capacidad del forjado |
| Madera estructural | Humedad de la madera, ambiente bajo cubierta, flecha | Sondas de humedad por resistencia, higrotérmicos, sensores de desplazamiento | Pudrición, ataque de xilófagos, deformación |
| Radón | Concentración de radón, ventilación | Monitores continuos de radón, sensores de CO2 y renovación | Exposición por encima de 300 Bq/m3 |
Nuestro método sigue cuatro fases principales:
Todos los datos confluyen en una única plataforma web con alertas configurables, empleando el mismo enfoque que aplicamos en la monitorización en edificios: seguridad estructural, eficiencia energética y salud ambiental.
En Ingenieros Asesores somos Entidad de Control de Calidad de la Edificación (ECCE-436) y miembros de la Asociación de Reparación, Refuerzo y Protección del Hormigón (ARPHO) y estamos especializados en realizar inspecciones estructurales, diagnósticos de patologías, proyectos de reparación y refuerzo y sistemas de monitorización estructural adaptados a las condiciones de Asturias.
Si tu comunidad, empresa o administración necesita saber qué le ocurre a tu edificio y cómo evoluciona, contacta con nosotros y te propondremos la solución más adecuada.